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Comentarios

 

Roberto González Goyri, 1991

“Tiene misterio y poesía, sin esos dos ingredientes, no hay arte que perdure, su color es estupendo…”

 

Juan Juárez, 1992

“Consecuente con su raíz de sueño y de juego, en la pintura de Lucía se equilibra la necesidad que impone una simbología inconsciente con la felicidad de una evocación gozosa…”

 

Juan Juárez, 1995

” . . . La tierra dorada y el mar azul pierden sus contornos al borde de la noche misteriosa; mientras que una pareja-madeja de lana teje sus ternuras milenarias y el hombre-barrilete eleva sus sueños a la luna.”

 

Marco Augusto Quiroa, 1996

“Sumergirse en la pintura de Lucía es bucear en ignotas profundidades, en misterios sin edad ni tamaño, en colores que hoy estrenan su tono exacto. . .”

 

Enrique Schoenstedt, 2005

“Un gran manejo de textura, composición y color, siempre lo supe”

 

Silvia Herrera, 2011

Algunos comentarios acerca de la obra de Lucía Rohrmann:

Lucía ha llegado a “la mayoría de edad” al exponer su trabajo; 21 años lo atestiguan y sus obras también. Estas dos décadas no han pasado en blanco para ella ni para muchos artistas guatemaltecos del cambio de milenio; tanto ellos como Lucía son testigos de su tiempo. Todos, a su manera, han configurado el inconfundible lenguaje artístico guatemalteco de esta época.

Los veintiún cuadros que Lucía ha hecho para esta exposición son un recorrido que recrea diferentes etapas de su trayectoria: los primeros en pastel, luego el veteado como una manera de aplicar el acrílico, los azules, los naranjas, los peces, los pájaros, las jaulas, las tunas, los caracoles, la estructura reticulada de sus obras, las transparencias que funden a sus personajes con los fondos, los rojos, las sandías, el ritmo… En estos cuadros vemos, en un breve recorrido, el universo de sus invenciones.

Las esculturas no son ajenas a estos entrecruzamientos. Sus formas provienen de las pinturas y los colores también reflejan los planos y los ritmos que marcan el dinamismo interno de las composiciones. Aquí la resina transparenta y deja ver; en los cuadros, los barnices y el acrílico son los que logran esas sobreposiciones que, a su manera, evocan las manchas de las paredes, las formas de las nubes y las sugerencias de un tragaluz con hojas y telarañas. Lucía pudo apresar ese universo con la cámara y el mismo le sirvió de fondo en su última serie de rostros. Su referencia fue, como para tantos otros artistas, esas formas fortuitas encontradas por casualidad en una superficie manchada. De allí esos fondos complejos, llenos de texturas visuales y con una original formulación del espacio. Los ojos enormes, los cuellos alargados, las melenas tienen en común con artistas anteriores a su generación la estilización muy expresiva de la femineidad

Supongo que Lucía se ha puesto a hacer cuentas y esta exposición es fruto de una revisión de sus obras anteriores y ha decidido presentar esta recopilación, no de las piezas originales, pero sí de reinterpretaciones de sus búsquedas de cada año para ayudarnos a traer a la memoria esa trayectoria.

Sus esculturas son la lógica evolución hacia el volumen que muchos artistas emprenden porque, al parecer, lo bidimensional nunca les alcanza.

Para muchos de nosotros que somos sus coetáneos y hemos visto la transformación de sus obras, es grato tener delante esta revisión que sin duda le servirá a Lucía de plataforma para nuevas investigaciones.